Entregarse al momento
Le cuento lo que me preocupa y me responde que estoy dominado por mi neura. Dice que, sobre todo, debería entregarme a este momento, no pensar tanto en lo que pasará o en cuándo pasará. Me gustaría saber cómo se hace eso, especialmente cuando el momento es una corriente bestial. No he visitado a mi psicóloga desde junio del año pasado y me cuenta que en este tiempo se ha aficionado a fabricar velas. Enciende una cuando llego, pero no me entero del olor.
Se me viene a la mente aquella escena de Annie Hall (por supuesto una de mis películas favoritas) en la que una versión muy joven de Alvy, el protagonista, va al médico con su madre porque está deprimido, «y cuando está deprimido no puede hacer nada». El doctor le pregunta qué es lo que le preocupa. Alvy contesta que se ha enterado de que el universo se expande, y que como el universo es todo, algún día estallará y ese será el final. Su madre, muy alterada, le grita: «¿Qué tiene que ver el universo contigo? ¡Brooklyn está aquí, y Brooklyn no se expande!». A veces soy ese tipo de neurótico: fácilmente refutable, un buen entretenimiento, «conversador brillante en cócteles de siete a nueve».1 Otras veces, soy el tipo de neurótico que aparecería representado en una película de Cassavetes. Más oscuro, menos divertido, encerrado en mí mismo. Bastante pesado. Chainsmoking en una habitación con las ventanas cerradas. Prácticamente desintegrado y entregado al salvajismo cotidiano.
Por momentos estoy convencido del poder del psicoanálisis, después me pregunto si realmente sirve para algo. Mi psicóloga me invita a relajarme, mueve las manos de abajo arriba y después de arriba abajo, imitando el movimiento del aire entrando y saliendo de mis pulmones. Me cuesta tomarme en serio todo esto, pero no quiero sufrir, así que intento concentrarme.
Al principio es complicado, como todo. Después casi lo consigo. Después empiezo a pensar otra vez en la lluvia de la calle, en coger el paraguas antes de irme, en la vela de la que no distingo el olor, en el gesto que hizo antes y que me pareció impostado, un gesto de psicóloga y no de humano, y pienso en las mentiras por omisión, en todas las cosas contra las que me rebelo, en por qué me rebelo contra una respiración tan sencilla, en por qué me rebelo contra este momento.
¿Es inútil? Venir aquí, ¿es inútil?
Quizá estoy aburrido. Quizá debería buscarme algún problema de verdad.
Evangelina Sobredo Galanes forever




The way I relate to this on a spiritual level… de igual forma el neurótico divertido existe de una forma la cual puede ser divertido para los demás pero pesada para nuestros adentros.
La neurosis divertida es la que luego se convierte en ese personaje de John Cassavetes.
Un segundo estás hablando de la inmensidad de la vida con tus amigos y al otro estás encerrado en un espiral que te lleva a convertirte en Gena Rowlands en a woman under the influence
Mañana es mi primer día de terapia, ahora ya voy más tranquila <3